En principio mi labor estaba enfocada en colaborar con el proyecto con personas con discapacidad, debido a mi formación. Sin embargo, finalmente también pude estar y participar de otros proyectos, lo que me dio una visión más amplia del trabajo que realizan y de la sociedad ecuatoriana, ya que viajamos por diferentes comunidades, dando talleres y haciendo visitas domiciliarias.

En cuanto a mi viaje, debo confesar que, en un primer momento me preocupaba mucho lo que podría hacer allí, lo que yo aportaría y si lo haría bien… pero pronto empecé a ver que el objetivo real era otro y que pasaba por observar, aprender, escuchar, empatizar y conocer historias de personas reales de primera mano. Además, descubrí lo valioso que es que confíen en ti sin conocerte y te abran las puertas de sus casas compartiendo hasta lo que no tienen, lo cual es toda una lección de generosidad y de vida. Y, por todo ello, me propuse exprimir y vivir cada ratito de forma consciente, porque sabía que después podría traerlo a mi vida y convertirlo en un impulso para el cambio del día a día…

Para acabar, copio unas palabras que escribí en mi “cuaderno de viaje” (lo cual recomiendo como una herramienta potente para “grabar” todo lo que se vive y siente) que dicen lo siguiente: “Esta experiencia me hace estar más en el mundo, querer saber, estar informada e implicarme en lo que pueda, crearme y crear conciencia… y luchar por no perderla.”

Este es el testimonio de Ruth, que en agosto de 2019 viajó a Portoviejo, Ecuador, con el programa de Voluntariado Internacional de SETEM.